Jorge salió de casa cuarenta minutos antes de la entrevista. Tomó un café cortado en un bar, de pie en la barra, treinta minutos antes. Se lavó las manos y se atusó el pelo con la punta de los dedos y se alisó la camisa quince minutos antes. Cinco minutos antes de la entrevista estaba fumando en la puerta de aquel edificio gris, haciendo tiempo hasta las en punto. Diez minutos después de las nueve seguía allí, con el cigarro ya consumido colgando de su mano izquierda.
¿Era necesario entrar? ¿Era necesario todo aquello?
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