Temo mirarme
al espejo cualquier mañana y no ser capaz de reconocerme. Ver las
venas verdes y abultadas a través de la piel translúcida de mi mano
temblorosa.
Temo el
presente,
su incesante
deslizar,
su forma de
clavarnos en la carne
cada
segundo
que pasa.
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