es esta
maldita
calma.
Una sonrisa huérfana
se congela
en mi boca.
No quiero esta calma,
esta
insufrible
calma.
Siento ya su aliento,
los colmillos
en mi garganta.
Con la frente despejada
y la expresión serena
aúllan mis ojos vacíos.
Lo siento lejos,
pero ya lo siento.
Aún lejos,
pero sé
que vendrá.
Es esta calma asesina,
esta
maldita
calma.
Cuento los segundos,
se estremecen mis vértebras
una a una.
Alejadme de esta calma,
esta
insufrible
calma.
Mi aliento es ceniza,
mis párpados cuchillas.
Caen de nuevo los días,
uno sobre el otro,
amontonados
como las ruinas
de un castillo de naipes.
En medio de la calma,
esta
agotadora
calma.
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