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lunes, 13 de enero de 2020

enfant terrible


He detectado que existen ciertos ciclos algo curiosos. Hoy estás bien y mañana tienes la sensación urgente de que te falta algo. Sin tan siquiera saber qué es y un poco por jugar a las adivinanzas intuyes que tiene algo que ver con la soledad. Estás bien, pero. Y ese pero te inquieta, empieza a palpitar como una molesta picadura de mosquito hasta ocupar un lugar privilegiado en tu mente que en ningún caso querías otorgarle. Pero se las arregla para estar ahí martilleando dentro de tu cabeza. Piensas en lo genial que es follar y te dices a ti misma quiero hacerlo. Quiero conocer a alguien y quiero besarlo y que me bese y me agarre el culo. Recuerdas lo bien que te sientes cuando eso pasa y después vas y lo haces con alguien que no te convence y lo haces de todos modos porque sabes que mientras no te guste demasiado no podrá hacerte daño. Eso que ocurre con algún tío cualquiera por supuesto no se parece en nada a la idea de Follar que tenías en mente pero ya está hecho. Ahora solo sientes vergüenza y te dan ganas de reír y piensas por qué lo he hecho. Y no tienes lo que hay que tener para afrontar que te toca ser la cabrona que deja al otro colgado sin más así que esperas que sea él quien desaparezca por completo y si no lo hace le contestarás por educación hasta que se haga evidente que no te gusta y te llame zorra y deje de hablarte. Te lo encontrarás algún día por la calle apartarás la mirada y pensarás que al fin y al cabo él no tenía la culpa de no gustarte. Solo se vio atrapado en una situación de mierda con una tía que trataba de alcanzar algo abstracto sin éxito. No es culpa suya seguramente era un buen tío. Pero tampoco es tu culpa joder. Te acuerdas de Morrisey cantando aquello de soy humano y solo quiero ser amado como todo el mundo y te sientes identificada pero recuerdas que Morrisey era una basura de persona y esperas no ser en el fondo otra basura humana demandante de afecto.

De todos modos lo acabas olvidando y tras un periodo prudencial de abstinencia te vuelves a descargar tinder o vuelves a enviarle un whatsapp a esa persona a la que te habías prometido no escribir más. Como una serpiente que se alimenta cada tres meses para después volver ya saciada – o sencillamente harta- a su madriguera. Me acuerdo de ese tío en concreto porque casi le conté cosas verdaderamente personales. No llegué a hacerlo por supuesto pero al parecer me sentí lo bastante cómoda como para saborear la idea de soltarlas y eso ya es algo. De todos modos no nos hemos vuelto a ver. Hablamos de películas y música, él compartió conmigo algunos grupos y yo compartí otros. No le gustó nada de lo que le enseñé. Cómo podía escuchar aquello y no gustarle era algo que no alcanzaba a entender. Cualquier ser humano es capaz de percibir determinadas vibraciones es algo casi ancestral.

No entiendes a Soto Asa porque es música del futuro.

No me hace sentir nada.

Cualquier persona que conserve el pulso siente ganas de mover el culo con esto.

Las ganas de mover el culo no son un sentimiento.

A veces es el único sentimiento que me permito. Por supuesto no dije eso en voz alta.

Me encogí de hombros. Seré demasiado sensible entonces.

Pensé en esa condición tan concreta de "persona sensible" que tan bien conocía. No dejas de ser una mindundi más en la maquinaria con tus estudios mediocres tu trabajo de mierda y tus aspiraciones corrientes. Tu casi imperceptible talento no te da ni de lejos para pagar las facturas. No eres un genio así que tus extravagancias no son tratadas como tal. Solo eres una rara. Una rara bastante normalita además. Nadie espera de ti que tengas una vida totalmente tradicional pero tampoco que te desvíes demasiado de la norma. Te dijeron alguna vez que eras brillante y te lo creíste. Tienes cierta capacidad que te separa de las percepciones habituales que intuyes tiene la gente de tu alrededor. Pero eso no te hace mejor, como alguna vez se te pasó por la cabeza cuando rondabas los 13 años. Esa idea absurda no era más que un mecanismo de defensa para paliar la tristeza que te producía saberte invisible, fantaseando con un suicidio trágico y llamativo mientras escuchabas my chemical romance cualquier sábado por la noche y llorabas hasta quedarte dormida. Descubres poco a poco que esa leve sensibilidad creativa no va a ser la llave maestra de tu venganza contra una sociedad de la que no te sientes parte y no, tampoco eres mejor que el resto. Esa insignificante sensibilidad solo te hace, una vez más, ser la rara. Entonces sientes que todo el mundo te quiere a pesar de, y no debido a. Creces y o bien te esfuerzas por encajar a toda costa o exageras hasta el extremo tus pequeñas rarezas imitando a algún genio maldito un enfant terrible un Nietzsche de marca blanca. En cualquier caso vas a terminar haciendo el ridículo.

Pero obviamente tampoco dije nada sobre esto.

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